“Vamos los pibes”, el desafío de la hinchada a Montero

Ayer en la dura derrota de Rosario Central ante Banfield, el Gigante de Arroyito vivió una situación atípica en los últimos años.

Promediando los 20 minutos de la segunda etapa, el clásico cántico “vamos los pibes” comenzó a caer desde las tribunas y explotaban sobre el césped. Por primera vez en muchos años se vio una declaración de desafío tan explícita contra un conductor técnico del equipo auriazul.

Montero desde que llegó relegó a la mayoría de juveniles que asomaban su cabeza en el primer equipo, algo que no fue muy bien recibido por parte de una parcialidad acostumbrada al surgimiento de buenos proyectos desde las canteras. Montoya, Lo Celso, Cervi, Nery Domínguez y Salazar son algunos de los nombres que primero brotan al escribir estas líneas.

Sin embargo se entiende que con la cantera sola no alcanza y que un plantel profesional tenga que tener mayoría de jugadores con trayectoria y temple necesario para los duros partidos de la SuperLiga Argentina. Pero ayer por algunas circunstancias especiales y por, acaso, mala planificación del plantel profesional, las alternativas para despertar a un inerte Central eran los pibes.

La hinchada canalla le reprocha a Montero haber echado a la cancha a los juveniles con una goleada en contra, de local y con la paciencia de los hinchas un tanto agitada. Cuando Rivas, Pereyra o Diego Becker entraron en contacto con la pelota, la reacción del Gigante fue aplaudir, aunque la jugada no prospere.

El sonoro “vamos los pibes” fue una demostración de apoyo para los chicos que a pesar del papelón ante la multitud, levantaron la cabeza, pidieron la pelota y le dieron para adelante. Con ese canto queda explícito el pedido de ‘necesitamos más’ para los refuerzos y para los más experimentados. Además deja en evidencia que nuevamente se volvió a incorporar mal, porque recién vamos por la fecha 4 y ya se necesita reclamar.

Sin embargo el significado más poderoso fue un abierto desafío a Paolo Montero para demostrar la posición del hincha y dejar en claro que la paciencia se agota. Cuando Coudet estuvo al mando del barco, se navegó por un agua tranquila y cristalina. Ahora la marea se está embraveciendo y el DT deberá mostrar su temple como capitán para sortear el pésimo momento y volver a enderezar el timón.